No solo la vida que llevaban los pescadores era muy rústica sino también la manera y los instrumentos que tenían para pescar. La pesca se realizaba en pequeñas embarcaciones a remo, construidas por ellos mismos. Los hombres no se alejaban demasiado de la costa pero la tarea era muy arriesgada y ardua; en algunas ocasiones, no demasiado frecuentes, las mujeres iban en su compañía como marineras.
La especie más cotizada de esos tiempos era el cazón o tiburón del que solo se aprovechaba el hígado, hirviéndolo o poniéndolo sobre una chapa al sol, para extraer aceite rico en vitamina A. Ésta era muy codiciada durante la Segunda Guerra Mundial, porque servía para reforzar la vista de los pilotos de la fuerza aérea que intervenían en los países combatientes y también ayudaba a reponer rápidamente a personas débiles. Los tiburones llegaron casi a la extinción debido a la demanda existente.






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